Disolución de SICAV ¡a toda máquina!

Desde el pasado 1 de enero de 2022, flota sobre el ambiente inversor el denominado fin de las sociedades de inversión de capital variable (SICAV).

Las modificaciones operadas sobre el régimen jurídico de este instrumento vehículo de inversión, ha abocado a esta fecha a la mayor parte a tomar acuerdos de disolución.

Debemos recordar que la nueva normativa impone a las SICAV el deber de acreditar y documentar que son efectivamente un “vehículo de inversión colectiva”, ello contando cuando menos con 100 socios que tengan participaciones de cuando menos 2.500 €.

La nueva normativa impone a las SICAV el deber de acreditar y documentar que son efectivamente un “vehículo de inversión colectiva”

Ni que decir tiene que referido requisito ha supuesto, especialmente para las SICAV controladas por personas físicas, la imposibilidad de articular un funcionamiento óptimo y una operatividad razonable al ser necesario un capital inversor tan diversificado.

Lo cierto es que ya a estas alturas del año, las SICAV controladas por personas físicas están optando mayoritariamente por disolverse, si bien aprovechando la solución propuesta junto con el cambio normativo que les permite trasladar su dinero a fondos de inversión, consiguiendo así no tener  que tributar por las plusvalías generadas.

Por su parte, las SICAV cuyos dueños partícipes son personas jurídicas, al no poder acogerse a la anterior solución, están acordando mayoritariamente su transformación en sociedades anónimas o limitadas.

Las SICAV, durante años instrumento inversor  muy popular entre las grandes fortunas de  este país, va a “toda máquina” camino de su extinción.

Veremos de aquí a final de año cuál es el resultado real consecuencia del cambio normativo y si, como piensan algunos, no sólo puede llegar a no suponer unos mayores ingresos, sino muy al contrario provocar una importantísima salida de dinero de nuestro país.

Un artículo de David García Garrote