Autorregulación como fuente de creación de valor

autorregulación en el seno de la pyme

“¿Otra más?” Esta es comúnmente la reacción del empresariado ante el anuncio de una nueva ley, real decreto u ordenanza municipal que afecta a la actividad empresarial.  El hastío frente al aumento de regulación es generalizado en nuestro país. Entonces, ¿qué sentido tiene autorregularse?

Muchos ven la autorregulación en la empresa como una elegante forma de dedicarse a poner palos en sus propias ruedas. Sin embargo, visto desde un punto de vista más largoplacista, la autorregulación, no solo tiene sentido, si no que es una increíble fuente de creación de valor para la empresa.

Pero bien, ¿qué es realmente la autorregulación? 

La autorregulación es la capacidad que posee una entidad o institución para regularse a sí misma. Igual que uno mismo posee la capacidad de decidir la hora a la que establece la alarma por las mañanas o el número de veces que va al gimnasio, la empresa también tiene la capacidad de decidir qué acciones tienen cabida en su seno y cuáles no. 

Tras este ejemplo, el pensamiento se dirige inevitablemente al fracaso de estas normas autoimpuestas. Nos viene a la mente esa alarma que posponemos para dormir 10 minutos más o esa clase de spinning a la que faltamos. Es totalmente cierto que uno de los principales riesgos de la autorregulación, es el incumplimiento de la misma ya que, pese a no acarrear responsabilidades legales, demuestra una clara falta de profesionalidad y autoexigencia.

Entonces, ¿cuáles son los beneficios de la autorregulación?

Es fácilmente observable que un proceso de autorregulación requiere de un ejercicio de introspección empresarial y, por tanto, nos obliga a mejorar nuestros estándares como organización.


Aquí reside el verdadero potencial de la autorregulación. Proponer la implantación de un Código Ético o un Código de Conducta en la empresa, nos obliga a indagar de manera interna cuáles son los valores y principios con los que comulgamos, de qué nos sentimos orgullosos y cuáles son las líneas rojas que jamás estaríamos dispuestos a cruzar.


Este ejercicio de autoconocimiento deriva en la generación de un documento (Código Ético) a través del cual mostrar de manera clara y cercana la ética de nuestra empresa. Esta exposición pública, siempre que sea realizada de manera honesta, deriva en una mejora reputacional y asocia a la empresa con la excelencia y ejemplaridad.

Asimismo, la autorregulación también tiene una ventaja que tiende a ser infravalorada. El control interno. Al contar con varios códigos de conducta, la empresa tiene una herramienta a través de la cual influenciar positivamente a sus trabajadores y dirigentes. Tal y como expresó el premio nobel Richard H. Thaler, un “pequeño empujón” es suficiente para ayudar a las personas a tomar las decisiones adecuadas.

autorregulación en la pyme

A pesar de que los códigos de conducta ayudarán a los integrantes de la organización a tomar las decisiones más adecuadas durante el desarrollo de la actividad, siempre existirán individuos que, influenciados por unos u otros intereses, infringirán los códigos de conducta de la organización y la legislación vigente poniendo en riesgo a toda la organización. En esta situación hipotética, se observaría otra de las ventajas de la autorregulación. Al contar con códigos éticos y de conducta integrados en un Sistema de Compliance, la organización contaría con todas las herramientas para ser eximida ante las responsabilidades penales derivadas de la mala conducta de alguno de sus integrantes.

Por todas estas ventajas, es ampliamente recomendable que cada organización evalúe su capacidad de autorregulación y realice un esfuerzo de mejora interna para elevar sus estándares de autoexigencia.

Luis Albendea

Luis Albendea 

Analista Financiero en Grupo Área Global & Foronda S.L.P